lunes, 1 de noviembre de 2010

caricias de bebe

Llevo días con este único y JODIDO cansancio, el estómago JODIDO por tanto dichoso medicamento para combatir el dolor y esta JODIDA sensación de incomodidad dentro un cuerpo que me es ajeno. El mío responde, pero se ha ido de vacaciones y sin mi permiso, ¡el muy atrevido! ¿Pero cómo se le ocurre? Lo cierto es que hasta en eso toda yo soy una atrevida. ¿Así es que de qué me quejo?

He estado tan cansada que mi cerebro también se ha cogido unas vacaciones y no me permite concentrarme demasiado porque me empieza a doler la cabeza. Esto de la Fibromialgia, ¡¡¡JODE!!! pero que se le va a hacer. Lo que sucede es que esta “enemiga” se ha equivocado de persona. Yo tengo una lucha contra ella para que me regrese mi cuerpo, el verdadero, ese que se fue de vacaciones, este que tengo no me corresponde. Pues, en lo que la “querida enemiga” (porque jamás y lo decreto, JAMáS será mi amiga) me lo devuelve, me dedico a las cosas que apenas suelo hacer. ¿No puedo escribir? Pues llamo y hablo con aquellas personas con las que puedo gritar todos mis improperios libremente y no se escandalizan. ¿Qué el cansancio me limita o me impide hablar? Pues a mirar las plantas, echarles agua, pensar en cómo puedo mejorar mi jardín. Traigo loco al jardinero del complejo donde vivo, ¡el pobre! Es tan noble que me contesta TODAS las llamadas, aún sabiendo que será para fastidiar.

Cuando me siento con unos minutos con energía, visto la cama y vuelvo a la silla reclinable. ¡Ah! ¡Qué grandioso invento! Tengo un "nido" hecho con almohadas en la silla. Lo del “nido” es invento de mi esposo que se volvió loco cuando vio los nidos de las cigüeñas en Alcalá de Henares. Visitó Madrid por vez primera cuando terminé mi doctorado. Ahora, ha hecho una analogía con los “nidos” que dice que hago en cada sitio a donde me ubico. Hago nidos en la cama cuando me acuesto, nidos en el sofá si alli me siento cuando llega un visitante, nidos en el piso cuando vienen los nietos.

En estos días además, para ayudar a mi estómago a recuperarse, me bebo un famoso te de jengibre, receta de una excelente amiga, la que precisamente me inspiró a realizar mi doctorado en Madrid. También y luego de cada comida, doy varias vueltas por toda la casa, por el comedor, la sala, la cocina, el pasillo y mi solidario esposo se me va detrás como un famoso programa de muñequitos animados. Aquel donde aparecía un ave cabizbaja caminando pensativa y detrás un caníbal con un huesito en la cabeza y una lanza tratando de atraparlo, detrás del caníbal podían aparecer otros personajes, los unos tratando de atrapar a los otros… Mi esposo empieza a decirme de corrido -“yo tengo un problema terrible, qué terrible problema yo tengo”- y me provoca cada episodio de risa impresionante, por sus genuinas ocurrencias. Asi nos tomamos esto ambos porque no hay de otra. Es que él sabe que reír es salud. Y reímos juntos. En esos momentos me siento acariciada por sus palabras, su risa, sus ocurrencias y doy gracias por ello.

Ya me cansé de escribir, me voy a hacer otra cosa.

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